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La encrucijada de Benjamín Netanyahu


El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, está librando dos batallas paralelas, una en la Franja de Gaza y otra en su propio país, y ninguna de ellas va según lo previsto.

En Gaza, Netanyahu dirige una campaña militar para derrotar a Hamás y liberar a los rehenes capturados durante el ataque del 7 de octubre en Israel. En su país, lucha por asegurar tanto su supervivencia política inmediata como su legado a largo plazo.

En ambos frentes tiene dificultades.

En Gaza, más de 100 rehenes siguen cautivos a pesar de los meses de guerra y de las prolongadas negociaciones para su liberación. Hamás está maltrecha pero no derrotada, y los generales han declarado en privado que la guerra se acerca a un punto muerto, a pesar de haber devastado Gaza y haber causado la muerte a más de 26.000 personas, según las autoridades de la zona. En Israel, las encuestas muestran que el primer ministro perdería fácilmente las elecciones si se celebraran mañana. Y después de que Netanyahu presidiera los fracasos de la defensa el 7 de octubre, el día más mortífero de la historia de Israel, su legado ha quedado en ruinas.

Sus esfuerzos por resolver esas crisis son contradictorios, según los analistas.

Para pulir su legado, está impulsando un histórico acuerdo de paz con Arabia Saudita, un objetivo estratégico a largo plazo para Israel. Sin embargo, Arabia Saudita no normalizará sus relaciones si Israel no se compromete a una solución basada en dos Estados. Y sin una mayor cooperación de Arabia Saudita y sus aliados árabes, será más difícil para Israel poner fin a su guerra en Gaza y planificar el futuro del territorio.

No obstante, para conservar el poder y preservar su coalición de derecha, Netanyahu debe rechazar la premisa de un Estado palestino.

“Estamos llegando al final de la era Netanyahu, pero él aún no ha terminado”, afirmó Mazal Mualem, biógrafa de Netanyahu.

“Netanyahu ha demostrado tener una habilidad inigualable para salir de sus enredos”, añadió, “pero esta vez está tan metido en el lodo que podría tener problemas para salir bien librado”.

Netanyahu, el primer ministro israelí que más tiempo lleva en el cargo, es descrito a menudo como un mago político capaz de alterar su suerte en la política, aunque ello implique adoptar nuevas posturas que contradigan las antiguas. Dado su largo historial de supervivencia política, tanto sus aliados como sus críticos afirman que es demasiado pronto para predecir el colapso prematuro de su gobierno antes de que concluya formalmente su mandato en 2026, y mucho menos el final de su carrera.

En 1996, cuando era líder de la oposición, estaba 20 puntos por detrás en las encuestas y parecía casi una certeza que perdería en las elecciones generales. Pero en cuestión de cinco meses, tras emprender una campaña llena de escepticismo sobre los acuerdos de paz de Oslo, fue elegido primer ministro. Sin embargo, una vez en el cargo, Netanyahu aceptó a regañadientes partes del acuerdo y cedió una porción del territorio a los palestinos.

En 2017, fue investigado por cargos de corrupción y luego juzgado, lo que llevó a muchos a predecir su desaparición política. El caso sigue en curso y, a pesar de perder muchos aliados cercanos y partes de su base política, logró ganar cuatro de las cinco elecciones posteriores. Incluso después de suspender un proceso de paz con los palestinos, selló acuerdos diplomáticos históricos en 2020 con tres estados árabes que habían rechazado a Israel por su trato a Palestina.

“Créanme, Bibi es el campeón”, comentó Yitzhak Goldknopf, un ministro del gobierno que lidera uno de los partidos de la coalición de Netanyahu, utilizando un apodo para el primer ministro. “Netanyahu terminará su mandato”.

Tal predicción solía ser una apuesta segura, pero la guerra de Gaza ha complicado las cosas para el primer ministro. No hay un rumbo claro que pueda poner fin a la guerra, satisfacer a Arabia Saudita y complacer a la derecha israelí.

En Gaza, los generales israelíes temen que los dos objetivos principales de Netanyahu sean incompatibles. Aniquilar a Hamás muy probablemente costaría la vida de muchos rehenes retenidos en las fortalezas subterráneas que están bajo el control de esa organización. Por otro lado, un acuerdo diplomático para liberar a los rehenes haría que Hamás controlara al menos una parte de Gaza.

El martes, Itamar Ben-Gvir, socio de extrema derecha de Netanyahu en la coalición, amenazó con abandonar el gobierno si Netanyahu negociaba un acuerdo con Hamás en el que se liberara a los rehenes pero el grupo conservara el poder.

Si Netanyahu perdiera el apoyo de la extrema derecha, o lo abandonara de manera voluntaria, podría aliarse con líderes centristas como el exdirigente del ejército Benny Gantz —o el líder de la oposición, Yair Lapid, que se ofreció a apoyar un acuerdo sobre los rehenes esta semana— y seguir adelante con las negociaciones sobre los rehenes. Una alianza con el centro también le daría la cobertura política necesaria para permitir que una Autoridad Palestina reconstituida, que administra partes de Cisjordania ocupada por Israel, gobierne las partes de Gaza donde Hamás ha perdido el control.

Esta estrategia podría frenar la creciente condena mundial de Israel, basada en acusaciones —negadas con vehemencia por Israel— de que está llevando a cabo un genocidio en Gaza.

Sin embargo, según varios aliados y analistas, una medida de ese tipo enfurecería a su base de derecha —gran parte de la cual quiere que los israelíes judíos se reasienten en Gaza— y daría alas a rivales de derecha como Ben-Gvir.

Desde el ataque del 7 de octubre, el apoyo popular a una solución de dos Estados ha disminuido, según las encuestas. Si se convocan elecciones, Netanyahu quiere centrar la campaña en la cuestión del Estado palestino, dijeron los aliados y analistas.

Según Nadav Shtrauchler, antiguo estratega mediático de Netanyahu, el primer ministro cree que puede recuperar algunos votos perdidos presentándose como el único líder con la convicción, la experiencia y la autoridad necesarias para resistir la presión estadounidense y árabe que busca la creación de un Estado palestino en Gaza y Cisjordania.

“La narrativa electoral de Netanyahu se basará en la pregunta: ¿Ahora hacia dónde queremos ir?”, comentó Shtrauchler.

“El primer ministro dirá: ‘¿Quieren a alguien que tenga el valor de enfrentarse a Estados Unidos y que no quiera una solución de dos Estados?’”, añadió Shtrauchler. “‘¿O quieren a alguien como Benny Gantz, que no dice realmente lo que piensa sobre un Estado palestino?’”.

El rechazo público de Netanyahu a la soberanía palestina no concuerda con lo que sus enviados están discutiendo con Arabia Saudita en conversaciones a puerta cerrada con la mediación de Estados Unidos.

Netanyahu cree que puede compaginar todo convenciendo a Arabia Saudita de que normalice sus lazos con Israel a cambio de un plan nominal para la creación de un Estado palestino, según una persona implicada en las conversaciones que habló bajo condición de anonimato debido a lo delicado de la información. La persona aseguró que el plan incluye tantas cláusulas de exención que nunca se llevaría a cabo.

Netanyahu “intenta servir a dos amos”, aseguró Avigdor Liberman, antiguo asesor clave de Netanyahu que ahora lidera un partido de la oposición.

“Dijo a su propio electorado: ‘No se preocupen, nunca aceptaré un Estado palestino’”, aseguró Liberman. “Y le dijo a Arabia Saudita: ‘No se preocupen, encontraremos alguna solución’”.

Netanyahu rechazó ser entrevistado para este artículo. Mediante un comunicado, su oficina dijo que se oponía a la plena soberanía palestina, pero creía que era posible llegar a un acuerdo con Arabia Saudita, sin explicar por qué.

“Las perspectivas son buenas y el primer ministro tiene la intención de trabajar para lograrlo”, rezaba el comunicado sobre un acuerdo con Arabia Saudita. “Estados Unidos lo desea. Arabia Saudita también lo desea, al igual que Israel. Hay un deseo común de conseguirlo”.

El comunicado afirmaba que Netanyahu tenía una estrategia clara para Gaza y que era posible derrotar a Hamás y rescatar a los rehenes.

“La guerra va mejor de lo que muchos esperaban”, señaló el comunicado, en el que además aseguró que las fuerzas militares israelíes estaban avanzando más rápido que la coalición liderada por Estados Unidos en Mosul, Irak, entre 2016 y 2017.

“Pagamos un alto precio”, añadió el comunicado. “Pero estamos absolutamente comprometidos a lograr la victoria absoluta”.

Aun así, sus críticos han dicho que el progreso del ejército se ha visto obstaculizado por la incapacidad de su gobierno para diseñar un plan de posguerra. En cuanto termine la guerra, Netanyahu deberá abordar cuestiones difíciles sobre la gobernanza de Gaza, que podrían poner en peligro su control del poder, cuestiones que algunos piensan que está tratando de evitar.

En enero, tres comandantes le dijeron a The New York Times que sin una visión a largo plazo para Gaza, el ejército no podía tomar decisiones tácticas a corto plazo sobre cómo capturar los barrios más al sur que limitan con Egipto. Tal operación, dijeron los comandantes, requeriría una mayor cooperación de Egipto, pero ese gobierno no está dispuesto a participar sin garantías de Israel sobre el plan de posguerra.

Los aliados de Netanyahu rechazaron la afirmación, argumentando que el primer ministro ha evitado someter a los soldados a un peligro innecesario. Si parece indeciso, afirmaron, es porque Israel no tiene opciones fáciles, no porque sus motivaciones políticas hayan nublado su juicio.

“No pondría en riesgo a nuestros soldados por su propia visión política”, dijo Shtrauchler. “Él trabaja para lograr los objetivos del país, tal como los ve”.

Pero las encuestas de opinión realizadas desde el 7 de octubre muestran que la población ha perdido la fe en Netanyahu. El martes, la principal estación de televisión privada de Israel, Canal 12, publicó una encuesta que sugería que menos de una cuarta parte de los israelíes preferían a Netanyahu sobre Gantz, su principal rival.

“Pero aunque las encuestas digan que no tiene ninguna posibilidad, él sabe que su situación puede mejorar”, afirmó Mualem, su biógrafa. “Sucedió antes y puede volver a pasar”.

“Estamos hablando de Bibi, él nunca se rinde”, añadió. “Este sentimiento es más fuerte que él”.

Natan Odenheimer colaboró con este reportaje.

Patrick Kingsley es el jefe de la corresponsalía en Jerusalén, que abarca Israel y los territorios ocupados. Ha reportado desde más de 40 países, escrito dos libros y antes cubrió migración y Medio Oriente para The Guardian. Más de Patrick Kingsley



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